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UNAM Cuba celebra el 11F, Día Internacional de las Mujeres, Jóvenes y Niñas en las Ciencias

Con el objetivo de visibilizar la importancia de la labor de las mujeres científicas, UNAM Cuba realiza una campaña para conocer algunas de las científicas cubanas y mexicanas que transforman nuestras sociedades.  Cada 11 de febrero se celebra el Día Internacional de las Mujeres, las Jóvenes y las Niñas en las Ciencias.  Esta fecha es muy importante para hacer conciencia de la importancia de la contribución científica de las mujeres. Según datos de la Red de Indicadores para Ciencia y Tecnología, de los últimos publicados en 2019, en Cuba hay más del 40% de mujeres investigadoras mientras que en  México estamos todavía por abajo de esta cifra, alcanzando aproximadamente un 38%. La lucha sigue porque aún hay mucho por hacer. En esta ocasión, te presentamos una selección de la campaña audiovisual que lanzamos con el objetivo de visibilizar el trabajo de las científicas de la UNAM y de Cuba.  Encuéntrala en nuestro canal de Youtube, da clic aquí. https://www.youtube.com/watch?v=WL1nEb6K4ochttps://www.youtube.com/watch?v=nlZl0lXVnZIhttps://www.youtube.com/watch?v=95rOy-W4uF4&list=PL84m7fbPdmJTzWZsNmS-inH4RfRVUReRo&index=4https://www.youtube.com/watch?v=szCkejFHvAM&list=PL84m7fbPdmJTzWZsNmS-inH4RfRVUReRo&index=5

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Ciencia y género: la urgencia de sumar más mujeres a las STEM

Por: Mónica Vázquez Hernández del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas de la UNAM Este artículo no pretende sugerir que las carreras de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), tradicionalmente asociadas al ámbito masculino, son mejores que las tradicionalmente conocidas como “femeninas”, pero sí apuntar la necesidad de que las mujeres participen en esas áreas porque muchos de los trabajos, de las decisiones económicas y políticas actuales y futuras tienen sustento científico-tecnológico. La poca participación de las mujeres en carreras STEM es un problema complejo y global, es decir, es un síntoma de algo mucho más profundo que responde al orden de género, en el que las mujeres usualmente están en condiciones subvaloradas en todo orden de cosas. A la edad de cinco años, las niñas y los niños no parecen encontrar diferencias entre hombres y mujeres sobre quiénes son brillantes. Sin embargo, a la edad de seis, las niñas comienzan a asociar la idea de brillantez y mayor inteligencia con los varones, dejando de lado actividades que las vinculan con esas capacidades. Las chicas pierden interés en las áreas STEM conforme ellas van creciendo. Las razones van desde presión de grupo, la falta de modelos a seguir y así como la carencia de apoyo por parte de los padres y los profesores, hasta una percepción general errónea de cómo son las carreras STEM en el mundo real. No obstante, las niñas que son motivadas por los padres son dos veces más propensas a mantenerse en STEM. La cuestión jerárquica entre varones y mujeres debida a los estereotipos de género incide en la elección de carreras científicas y en las expectativas profesionales. Por ello, las mujeres están subrepresentadas en las áreas STEM y dentro de estas licenciaturas el porcentaje de ellas varía según las diferentes disciplinas, que va desde una presencia del 30 % en ingenierías hasta un 11 % en matemáticas. Escoger una carrera es la elección más crucial de la vida de un estudiante y está influida por tres grupos de factores: intrínsecos (intereses personales, autoeficiencia, expectativas y oportunidades de desarrollo profesional), extrínsecos (salario, estabilidad laboral, prestigio profesional y accesibilidad laboral) e interpersonales (influencias familiar, docente, y de pares y responsabilidad social). La sobrerrepresentación masculina en los campos STEM se asocia a trabajos de mayor prestigio; por el contrario, los vinculados a lo femenino se relacionan con la idea de que son mal remunerados y menos valorados socialmente. Incluir mujeres en la ciencia es cambiar el paradigma mismo de la ciencia, su lenguaje y sus métodos. Aquélla no es sólo un producto, es también un proceso. Las personas que se dedican a la ciencia están atravesadas por determinaciones de las que no es posible desprenderse, que es necesario reconocer y que se vinculan a un sistema social más amplio. Por ese motivo, las mujeres en carreras STEM aún enfrentan múltiples barreras y retos en distintas etapas de su desarrollo profesional: carencia de tutoras, ausencia de modelos femeninos, oportunidades desiguales, sesgos de género en las contrataciones y/o evaluaciones, brechas salariales, etcétera, barreras que muestran impactos diversos en su vida y su solución requeriría la acción de varios actores e instituciones para lograr un cambio real hacia una cultura sensible a las desigualdades por razones de género. En los últimos años la academia ha comenzado a rescatar y valorar el trabajo de las investigadoras. Durante mucho tiempo el trabajo académico y de investigación de las mujeres ha sido subvaluado, minimizado o los varones se han apropiado de él. A partir de que se profundiza en el conocimiento de las realidades diferenciadas que viven hombres y mujeres en la academia y la investigación van surgiendo, paulatinamente, políticas y programas tendientes a superarlas. Permisos semejantes para que hombres y mujeres cuiden a sus hijos ante casos de enfermedad, impulso a ellas para contar con becas como investigadoras de alto nivel, estancias infantiles con horarios extendidos, créditos para obtención de vivienda para madres solteras, entre otros, van siendo una realidad en diversos centros universitarios. A pesar de ello, los estereotipos de género persisten y las carreras STEM sigue siendo predominantemente masculinas. Balancear la población en las carreras STEM costará mucho tiempo y esfuerzo; porque debemos modificar múltiples variables. Las medidas de acciones afirmativas son necesarias, pero no son suficientes para cerrar la brecha de género en las STEM. El acoso a las estudiantes es una conducta de menosprecio a las mujeres, que les hace sentir que no pertenecen a ese lugar. Este ambiente hostil puede interferir en el rendimiento de una mujer o incluso hacerlas desistir. Una acción que contribuye a la permanencia de las mujeres son los protocolos contra el acoso sexual en el ámbito académico, que son una excelente iniciativa porque no sólo lo sancionan, sino que también exigen la formación y sensibilización en género y esto está amarrado de alguna manera a las acreditaciones de las instituciones de educación superior. Fuente: Gaceta UNAM

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Rebeldes y sabias transformando las ciencias

Por: Jeniffer G. Escobar Medina de la Coordinación para la Igualdad de Género de la UNAM El 11 de febrero, Día Internacional de las Mujeres, las Jóvenes y las Niñas en las Ciencias, no es sólo una fecha para conmemorar, sino un llamado crítico a visibilizar uno de los grandes pendientes de nuestra sociedad: la plena incorporación transformadora de las mujeres en todos los campos científicos. No buscamos una incorporación vista como una concesión, sino el reconocimiento de que la irrupción de las mujeres y de los grupos históricamente discriminados ha sido clave para el avance del conocimiento. Hemos aportado nuevas perspectivas que han permitido formular preguntas que amplían los horizontes de las ciencias y proponer soluciones innovadoras. A las mujeres que hacen ciencia, cuando reflexionan sobre su lugar en el mundo, construyen un nuevo conocimiento y revelan dimensiones antes ignoradas. En este “nuevo mundo” que han contribuido a develar, sus preguntas, demandas y proyectos –tanto individuales como colectivos– transforman la manera de pensar y generan nuevos saberes. Y a quienes crean estos saberes se les debe nombrar con justicia: sabias. En su labor científica, las mujeres producen rupturas epistémicas que transforman los marcos de la investigación y se autodeterminan como mujeres, rebeldes, científicas y sabias. La construcción de epistemologías feministas no sólo implica cuestionar ciertos saberes, sino también proponer nuevas formas de hacer ciencia. Sabemos que nuestra mirada feminista y nuestras epistemologías incomodan, y que nuestros avances se han dado a contracorriente. Hemos tenido que cuestionar lo que se ha considerado conocimiento “neutro” y “objetivo”, un enfoque que, en nombre de lo “universal”, ha negado –no de manera ingenua– nuestras experiencias y realidades. Frente a este escenario, las mujeres hemos tenido que construir redes sororas para potenciar nuestras voces, para ser escuchadas en un campo históricamente masculinizado. Pero la generación de estas redes tiene un fin más profundo, pues implica una postura ética y política comprometida con la generación de conocimiento en clave colectiva y transformadora. En su texto Enseñar a transgredir, la escritora estadunidense bell hooks señaló lo difícil que era hablar para las mujeres negras, incluso en espacios predominantemente negros, que deberían ser un lugar de apoyo, y cómo su trabajo teórico siempre parecía ser insuficiente frente al de los varones. Así, históricamente se han formado redes de científicas que responden a distintas necesidades, pero todas comparten una perspectiva feminista que busca atender las necesidades de las mujeres. Por ejemplo, en ONU-Hábitat se desarrollan investigaciones académicas que contribuyen a la reflexión sobre políticas públicas y gobiernos locales desde una perspectiva de género. Su labor ha sido esencial para generar propuestas como la creación de “espacios seguros” y el acceso equitativo a la vivienda. Sin su aporte crítico –que rompe con la supuesta “normalidad” científica–, muchas de estas demandas específicas de las mujeres seguirían invisibilizadas. Por su parte, la Red Mexicana de Investigadoras Indígenas no sólo promueve la participación de mujeres en la ciencia, sino que también asume el desafío de integrar la perspectiva de género en el conocimiento científico desde una identidad indígena, reconociendo las múltiples desigualdades que enfrentan. La inclusión de las mujeres en la ciencia no se limita a señalar las condiciones en las que desarrollan su trabajo. Como bien apunta la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología Interamericana e Iberoamericana, los estudios demuestran que, aunque ellas tienen mejor desempeño en los niveles de educación superior y representan la mayoría en las universidades de muchos países, su presencia en los puestos más altos sigue siendo mínima, y su participación en la toma de decisiones, meramente testimonial. Esa realidad hace evidente la urgencia de diseñar políticas públicas que incentiven, reconozcan y garanticen la participación de las mujeres en las ciencias. Desde la Coordinación para la Igualdad de Género, nos sumamos a la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres, las Jóvenes y las Niñas en las Ciencias como un reconocimiento a la rebeldía de aquellas que han transformado el conocimiento. Porque construir ciencia con perspectiva feminista no sólo implica una revolución en la producción de saberes, sino también una verdadera transformación social.   Fuente: Gaceta UNAM

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